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08/02/2010  VALDEMORILLO: QUE LES QUITEN EL CARNÉ
          
   
   
 

       La sensación de haber asistido a un espectáculo impúdico invadió el ambiente poco a poco. Valdemorillo, revestida de hormigón armado, volvió a alumbrar su espíritu de plaza de talanqueras de antes del 78 de la mano de la corrida de Antonio San Román, la misma mano que la ha refundado de ladrillo y cemento.
       
       El desfile de toros feos, frentudos, acarnerados, anchos de sienes, bastos de hechuras, altos de cruz, descastados, mansos de carne trémula, provocaba la náusea. Por comparación con la seria y torera corrida de Peñajara del día anterior, aquello se asemejaba a una feria de los horrores.
       
       Si esa era la corrida que había sí o sí, y si fuera sido otra también, la pregunta es qué hacían allí Luis Bolívar y Miguel Tendero, apoderados por don Luis Álvarez y la empresa de Madrid, respectivamente. En las motivaciones, necesidades y aspiraciones de Curro Díaz e Ignacio González, su mentor, no entro. Y además no salió malparado.
       
       Curro Díaz fue cogido sin consecuencias. | Efe
       Al señor Álvarez, que anda forrando revistas y portales de publicidad con «el triunfador de las Américas», y a Manuel Martínez Erice, con Las Ventas detrás del nuevo talento de Albacete, que les quiten el carné.
       
       Díaz tuvo la suerte de cara y en dos direcciones: se libró de una cornada segura en un seco percance y le cortó la oreja al cuarto, que, dentro de un orden, fue de lo más potable. La cogida sobrevino en la apertura de faena con el primero, que enseñaba las puntas por delante. Ya le había probado al torero con un frenazo en un quite por chicuelinas. Por el mismo pitón además, el derecho. Y por ahí se lo echó a los lomos.
       
       El aflamencado torero de Linares se sobrepuso y planteó toda la obra ya por el izquierdo. No humillaba tampoco el toro por ese lado, siempre con la testa por encima del palillo, pero al menos no era dañino. Curro Díaz estuvo tragalón, la embestida nunca causó la impresión de ir metida del todo en la muleta, hasta que se desinfló con la espada. Por allí quedaron los recuerdos de una verónicas embrocadas.
       
       Por encima del arte y el chaleco desabrochado, lo que ayer se atisbó en su toreo fue el incremento de la disposición para no frenarse como solía en los dos o tres muletazos y el adorno de pellizco. Y así sucedió en el siguiente de su lote: series de cinco y seis muletazos más largos de lo habitual en él. Una al natural fue la que puso a la faena y a la gente en el disparadero.
       
       La composición de Díaz brilla por encima de la pureza: el estaquillador agarrado casi por el cáncamo y la colocación al hilo o en la pala. Aquello dio sus frutos, y unido a las tandas previas y diestras, con el noble viaje sin rebosarse, un cierre ornamental y media estocada, valió una oreja.
       
       Tendero, que reaparecía después del tabacazo de septiembre, casi lo tuvo en la mano con el voluminoso sexto, que sirvió a su manera aun soltando mucho la cara. La espada sepultó sus voluntades de buen y templado muletero. Virtud imposible de desarrollar con la porquería de sobrero/carnero que sumó tercero bis.
       
       A Bolívar, «el triunfador de las Américas», sin suerte pero sin luces, todavía se le está esperando.
       
       Ficha: Toros de Antonio San Román, incluido el sobrero, tercero bis, de horrible presentación y podrida mansedumbre; destacaron cuarto y sexto dentro de un orden. Curro Díaz, de rioja y oro: metisaca, cuatro pinchazos y bajonazo (silencio). En el cuarto, media estocada (oreja). Luis Bolívar, de rioja aterciopelado y oro: estocada tendida y desprendida (saludos). En el quinto, media estocada tendida (silencio). Miguel Tendero, de rosa y oro: estocada atravesada y contraria y descabello (silencio). En el sexto, tres pinchazos y estocada (silencio). Plaza de Valdemorillo, media entrada.
       
       


 



" El desfile de toros feos, frentudos, acarnerados, anchos de sienes, bastos de hechuras, altos de cruz, descastados, mansos de carne trémula, provocaba la náusea. Por comparación con la seria y torera corrida de Peñajara del día anterior, aquello se asemejaba a una feria de los horrores
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