Hacía mucho tiempo que no pisaba Albacete. No recordaba entonces un mal ambiente como el que se respira ahora con los serolos. Anda todo el mundo largando pestes. Veterinarios, presidentes, aficionados por bares y tertulias. Si el trato es el mismo que ha dispensado a ABC Serolete, no me extraña nada el clima generado. A principios de septiembre contacté con Carlos Rodríguez, nombre civil de Serolete, para acreditarme para los días 10 y 11. “Uffff, resopló el personajillo. Tú vente pacá que ya te meteré en algún sitio”. La verdad es que la inaudita respuesta no me convenció mucho. Tenía el antecedente de que en Fallas Serolete había vendido para los días más fuertes mis localidades desde hace quince años. Bueno, uno se ajusta a lo que haya, pensé. Tres días antes de la fecha albaceteña empecé a llamar a Serolete en Albacete. Nada. Como si se lo hubiera tragado un agujero negro. A falta de 48 horas decidí buscarme la vida. ¡Y menos mal! Serolete se había perdido por Albacete. Justo al día siguiente del compromiso, ¡qué casualidad!, un sms se ilumina en la pantalla de mi móvil. Textual: “Vicente acabo de conectar pda desde hace bastantes días, estoy viendo llamada tuya. En el otro móvil no tengo tu teléfono grabado, ¿hemos hablado ya? Bueno dime algo, se está todo ok. Carlos” Respuesta: “Salvo que me has dejado tirado, todo fenomenal…” Serolete conesta, más o menos, que esta perla no la he grabado: “¡Uy!, si te he dejado tirado lo siento…” Serolete, además de gañenete, es un tonto a las tres perdido en Albacete, donde ya reniegan de la charpa seroliana en su primer año de gestión. No han dejado costado por tocar ni narices por hinchar, según el pulsómetro manchego. De Valencia los han botado, no porque lo hayan hecho más o menos bien, o más o menos mal, sino por inflarle los pelés a la Diputación, que, fíjate, Serolete, qué cosas, ¡es la que da y quita la plaza! Ahora, eso sí, en Albacete han instalado una parrilla para hacer en medio del pasillo de los bajos de Sombra salchichas a la brasa. De las pringosas de cerdo fetén. Igual que unos zapatos definen a un hombre, una barbacoa grasienta en una plaza de toros define a un empresario.
|
|
" De Valencia los han botado, no porque lo hayan hecho más o menos bien, o más o menos mal, sino por inflarle los pelés a la Diputación, que, fíjate, Serolete, qué cosas, ¡es la que da y quita la plaza! "
|