Los carteles de Fallas han sido los mismos que cuando Serolo los anunció, sólo que siete llenos, siete, han suavizado a los críticos. El ambiente de estos días en Valencia no ha podido ser mejor, en número y en talante, eso que le gusta tanto a la progresía. Enrique Ponce era el único que hacía doblete, y su esfuerzo le ha costado sacar la cabeza a la altura que se le exige, nadando a contracorriente. A contracorriente de los toros y a favor de corriente del público, lo uno por lo otro. Pero ha sudado el maestro de Chiva. Para empezar con dos mansos de Alcurrucén se inventó su trigésimo tercera puerta grande en su tierra; al quinto no le corta una oreja nada más que él en todo el escalafón. Y el día de San José libró una valiente batalla contra el viento durante una muy buena faena –no rematada con la espada- a un encastadito toro de una corrida de Román Sorando que nunca debió aparecer por Valencia. Ni por trayectoria, ni por categoría, ni por resultados (aunque estos le respalden más en plazas de menor caché). A toro pasado es fácil hablar, pero se intuía. Alejandro Talavante causó un terremoto con una faena que partió la feria y ensordeció la plaza. Talavante cuajó a un extraordinario toro de Núñez del Cuvillo, que ha sido la mejor corrida fallera, pese a algunas lagunas de poder. El personal vibró de veras. A.T. torea mejor cuando se desencorseta del papel tomista que interpreta, que además no es el del mejor José Tomás, y corre la mano. Como todo lo hace en un palmo de terreno, aquello trepa por los tendidos con la fuerza de una mascletá. ¿Defectos? Los tiene, y se le verán más con el medio toro. Como decía no sé quién, “de mis imitadores serán mis defectos”. Pero cuando hay verdad tanto análisis técnico se queda en la sombra. Miguel Ángel Perera también abrió la puerta grande como los dos toreros anteriores con una buena obra, de una oreja, no de dos. La creciente primera mitad se estancó en la cuarta -¡la cuarta!- serie de derechazos al toro de mayor calidad de la dura, y engañosa, corrida de Fuente Ymbro. Que se lo digan a El Juli, que se embraveció con un manso de pitonazos y huidas al que le arrancó una oreja y que a base de su fenomenal oficio y sus curtidos redaños le sacó faena a un quinto que no pareció al público lo que era. Y ese es el peligro de lo de Gallardo: que siendo broncos sus jandillas, como se mueven, la gente no se entera. Por no ser injustos, hubo un primero de la más alta calificación en el caballo y al que le faltó un tranco, o le sobró castigo, en el remate de los muletazos de un Víctor Puerto que se despertó con la mole del cuarto. Sin seguir un orden, no se debe olvidar que toro de premio, aunque la “dipu” se lo haya dado al nuñezdelcuvillo de Talavante, fue uno que todavía está galopando y haciendo el avión de El Torero. Toros ha habido unos cuantos: un sobrero de Martelilla que sorteó Ambel Posada, el primero de Samuel Flores que se llevó El Califa, otro de Los Chospes que toreó Manuel Amador… Al de El Torero lo lució mucho, y lo entendió, en la larga distancia Juan Ávila, que es lo que es, porque de lo contrario sería Ponce. El Califa y Posada se agarraron a una oreja que les da aire y vida. De olvidarse alguien de la actuación de José Calvo se haría una grave injusticia. Demostró su clase con el bueno y capacidad con el malo, de María Luisa Domínguez. En serio, de todas estas orejas que se agolpan la suya ganada cobra especial interés. Y también en serio: de todos los valencianos modestos se le ve a Calvo con mayor autonomía de vuelo. En toro y en orejas también se apuntaron el tercero de la corrida de Alcurrucén y El Cid, que debe serenar el ánimo, centrarlo y templarlo. Templar las formas y los remates también. A Rincón se le atragantaron los dos peores de la ganadería de sus apoderados. Quiso encajarse pero no encajó el gesto…En la rama de la casa Lozano al menos se salvaron los capullos (en el sentido floral, juvenil, recental y primaveral de la palabra): Sebastián Palomo y Ángel Teruel. Palomo conectó y llenó y llegó más con su temple y su ligazón que un torerísimo, y un punto frío, Teruel, que habrá sido el único de toda la feria que se ha recorrido el tramo desde el tercio hasta la boca de riego a la verónica… Los hay que para zurrarles lo han hecho por la vía directa o por la más sibilina de ensalzar hasta los bordes la novillada de El Torreón, que siendo noble no fue excelsa ni sobresaliente. Raúl Martí puntuó con ella y empató con Linares en el marcador. Sólo en el marcador. Y el marcador marca, valga la redundancia, la hora de finalizar como el gallo, ¡ay, Gallo, Eduardo Gallo!, el amanecer. Punto y aparte merece José María Manzanares: cambio el 90 por ciento de los apéndices auriculares ché, 'useasé' las orejas falleras, por ver torear así. Asentado, concienciado, macizo y con clase, su toreo cotizó muy caro. Hubo muletazos, series, de una lentitud estremecedora. Sin ser faena redonda, es de las que dejan huella. Falló la espada para subirse al carro de los orejeados, y le faltó un poco de viveza a un paradote pero buen toro (las cosas como son) de Sorando. Posdata: en Castellón han premiado a César Jiménez y a un novillo de Fuente Ymbro. Lo de premiar utreros frente a toros me parece lo mismo que premiar a novilleros frente a matadores, en la categoría de triunfadores. Como si fuese lo mismo.
|
|
Alejandro Talavante
" Alejandro Talavante causó un terremoto con una faena que partió la feria y ensordeció la plaza. Talavante cuajó a un extraordinario toro de Núñez del Cuvillo, que ha sido la mejor corrida fallera, pese a algunas lagunas de poder "
|